Yedda-Saba:
La Organización para la Cooperación Islámica (OCI) condenó enérgicamente el asalto a la sagrada mezquita Al-Aqsa por parte del ministro extremista Itamar Ben-Gvir y cientos de colonos extremistas, bajo la protección de las fuerzas enemigas israelíes, y la profanación de sus patios. La Organización consideró que esto constituía una provocación a los sentimientos de los musulmanes en todo el mundo y una flagrante violación de las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas.
En una declaración del miércoles, la organización advirtió del peligro de las continuas políticas israelíes de agresión, asentamiento, anexión, desplazamiento e intentos de imponer la supuesta soberanía israelí sobre Cisjordania, así como los planes para cambiar el estatus histórico y legal de los lugares sagrados islámicos, en particular la bendita Mezquita Al-Aqsa.
La organización también afirmó que la entidad israelí, la potencia ocupante, no tiene soberanía sobre la tierra palestina, incluida la ciudad ocupada de Jerusalén y sus lugares sagrados, y que la bendita Mezquita Al-Aqsa/Al-Haram Al-Sharif, en su totalidad, es un lugar de culto exclusivamente para musulmanes.
La organización también condenó la escalada de crímenes israelíes contra el personal humanitario, de la ONU, médico y periodístico en la Franja de Gaza, el último de los cuales fue la masacre cometida por las fuerzas enemigas contra personas desplazadas en una clínica de la UNRWA en el campamento de Jabalia, al norte de la Franja de Gaza, que resultó en el martirio de 19 ciudadanos palestinos, incluidos 9 niños, y decenas de heridos, además de la ejecución de varios trabajadores de la Media Luna Roja Palestina, Defensa Civil y Naciones Unidas, en la ciudad de Rafah, al sur de la Franja de Gaza, hace varios días, considerando esto una extensión de los crímenes de guerra que requieren rendición de cuentas y enjuiciamiento de acuerdo con el derecho penal internacional.
La organización también instó a la comunidad internacional, en particular al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, a asumir sus responsabilidades obligando a la potencia ocupante, Israel, a poner fin a sus constantes violaciones de la santidad de los lugares sagrados y de la libertad de culto, y a obligarla a detener de inmediato y de manera completa sus crímenes de genocidio, desplazamiento forzado y limpieza étnica contra el pueblo palestino.
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